Se aproxima el cierre de uno de los emblemas de la ciudad

Unida a la historia social y económica de una ciudad

Desde el inicio de su construcción en 1942, se ha convertido en un motor para Miranda • Cinco compañías han sido sus propietarias.

La historia reciente de Miranda, tanto la industrial como la económica, e incluso la social y la urbanística, no se entiende sin la fábrica Rottneros, o mejor dicho la Fefasa, nombre por que todavía hoy se la llama en la ciudad. No se puede disociar la imagen de la ciudad, el perfil que de ella se observa desde los cuatro puntos cardinales, del penacho de humo que de su alta chimenea ha salido durante los 57 años de funcionamiento. Ni siquiera se puede separar a Miranda del olor -desagradable, sí, aunque al que te acabas acostumbrando- que desprende el proceso de transformación de la madera en pasta de celulosa, que luego servirá para la fabricación de papel. Miranda está unida a esta inmensa factoría desde que en 1942 comienza la construcción de la Fabrica Española de Fibras Artificiales (Fefasa), lo que ya supuso el empleo en Miranda para 2.000 obreros. Poco después, en 1948, se obtuvo la primera producción -todavía en fase de fábrica piloto- no siendo hasta 1952 el momento en el que alcanza su máximo rendimiento y se procede a su inauguración oficial, sumando 2.424 trabajadores.  Y es precisamente esa ingente generación de trabajo y actividad lo que marca no sólo a Miranda en lo económico, sino que también lo hace en lo social con la llegada de trabajadores de diversas procedencias y suficientes salarios que se traducen en un crecimiento del consumo (comercio y hostelería). Y además, ‘regala’ a la ciudad un poblado, el de Los Ángeles, que nació hace ya más de medio siglo frente a la factoría para albergar a parte de los empleados en modernas casas unifamiliares con jardín, y dotándoles de instalaciones como las escuelas o la iglesia. Tras una importante ampliación, en 1957 el propio jefe del Estado, Francisco Franco, se acerca a la ciudad para visitar su empresa más emblemática -con el permiso del ferrocarril y la azucarera Leopoldo- apoyando así una de la iniciativas industriales del Gobierno de aquel entonces, ya que la planta era del Estado. Una iniciativa que a lo largo de los años ha sido también motor de decenas de empresa auxiliares que prestan su s servicios en la papelera. Su historia recoge diversos cambios, y desde la década de los 60, cuando pasa a ser absorbida por la Empresa Nacional de Celulosa (ENCE), inicia un descenso en el número de trabajadores (1.309 en 1969) y un cambio en las fórmulas de producción que en 1987 signifcan la venta de la factoría a la multinacional Scott, que tras ocho años, vuelve a vender la fábrica, esta vez a Kimberly-Clark. Desde 1999 Rottneros es la propietaria de la fábrica. Una mole de ladrillo, cemento y metal por la que han pasado miles de trabajadores, que ahora, representados en los 159, ven con inpotencia y desgarro que una parte de su vida llega a su fin.